jueves, 28 de agosto de 2014

Crimen y Castigo, de Fiódor Dostoyevski


“¡Oh en casos semejantes (de extrema pobreza o necesidad) violentamos hasta nuestro sentimiento moral; comerciamos con nuestra libertad, con nuestra vida, con nuestra conciencia, con todo, con todo! ¡Perezca nuestra vida, con tal que sean felices las personas a quiénes amamos! Y más aún aceptamos la sutil enseñanza de los jesuitas, transigimos con nuestros escrúpulos, llegamos a persuadirnos de que es necesario obrar como obramos, de que la excelencia del fin justifica nuestra conducta.”

“No, yo no tengo más que una vida; yo no quiero esperar la 'felicidad universal'. Quiero vivir para mí mismo; de otra manera es preferible no existir”.

“Quisiera que mis conclusiones fueran tan claras, tan indiscutibles como dos y dos son cuatro”.

“Y como usted no mira ni hacia delante ni a los lados, pues no ve nada”.

"Mentir con gracia, de un modo personal, es casi mejor que decir la verdad al estilo ajeno".

“¿Sabes que los techos bajos y las habitaciones pequeñas oprimen el alma y la mente?”


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